Dirección del Templo

Calle Querobabi 186-A
Fracc. Alto Valle
Hermosillo Sonora
tel 662 2 11 78 58 Oficina
tel 662 3 11 9412 Casa
Cel. 6622 33 35 18 pastor

miércoles, 14 de diciembre de 2011

ANUNCIOS DE ESPERANZA EN MEDIO DE LAS CRISIS

ANUNCIOS DE ESPERANZA EN MEDIO DE LAS CRISIS
Leopoldo Cervantes-Ortiz
11 de diciembre, 2011
 
Dios mismo dictará sentencia/ contra naciones y pueblos lejanos,/ y ellos convertirán sus espadas/ en herramientas de trabajo./ Nunca más nación alguna / volverá a pelear contra otra,/ ni se entrenará para la guerra.
Miqueas 4.3, Traducción en Lenguaje Actual
 
1. ¿Qué nos recuerda el mensaje de Miqueas?
De manera casi uniforme, la lectura del profeta Miqueas ha estado asociada a dos fragmentos que ciertamente resumen mucho de lo que proyecta su mensaje, pero que inevitablemente reduce la comprensión de su horizonte de fe y del a coyuntura que lo produjo. “Acostumbramos usar el texto en el que se habla del contraste entre una religión de culto sacrificial y una religión de vida ética, de justicia y humildad delante de Dios [6.8: ‘Pero ya Dios les ha dicho qué es lo mejor que pueden hacer y lo que espera de ustedes. Es muy sencillo: Dios quiere que ustedes sean justos los unos con los otros, que sean bondadosos con los más débiles, y que lo adoren como su único Dios’]. Se habla también de una figura mesiánica, que vendrá de la periferia, de la menor de las aldeas de Judá y, a partir de ahí, reorganizará la vida del pueblo [5.2: ‘Pero tú, Belén Efrata,/ entre los pueblos de Judá/ eres un pueblo pequeño,/ pero llegarás a ser muy importante./ En ti nacerá un rey/ de familia muy antigua,/ que gobernará sobre Judá’]”.[1]
Ambas citas reflejan la esperanza de un pueblo creyente que tuvo claridad a la hora de definir sus compromisos con Dios y la humanidad, mientras anunciaba la superioridad del reino divino sobre todos los poderes humanos. Miqueas, quien de manera similar a Isaías, afrontó el ambiente político de su época, presentó su mensaje durante el reinado de tres monarcas de Judá: Jotam, Acaz y Ezequías. La situación no era nada halagüeña:
 
La épo­ca de Mi­queas es­tá mar­ca­da por la pre­sen­cia de los asi­rios co­mo fuer­za de ocu­pa­ción ex­tran­je­ra. Des­de la mi­tad del si­glo VIII a.C., los asi­rios pro­mue­ven una po­lí­ti­ca de ex­pan­sión y con­quis­ta. Su ob­je­ti­vo es lle­gar al Mar Me­di­te­rrá­neo y con­tro­lar la ru­ta co­mer­cial que pa­sa por la Pla­ni­cie Li­to­rá­nea de la Tie­rra de Is­rael. Es­ta pre­sen­cia ex­tran­je­ra lle­va a los di­ri­gen­tes de Ju­dá, por su la­do, a pro­mo­ver una po­lí­ti­ca de for­ti­fi­ca­ción de sus ciu­da­des-for­ta­le­za e im­ple­men­tar una po­lí­ti­ca de al­ma­ce­na­mien­to de ali­men­tos en la ciu­dad. To­do eso a cos­ta de los cam­pe­si­nos pro­duc­to­res. Aun así, a pe­sar de es­ta po­lí­ti­ca, y tal vez jus­ta­men­te por cau­sa de ella, en el 701 a.C. el ge­ne­ral asi­rio Se­na­que­rib con­quis­ta 46 ciu­da­des de Ju­dá y lle­va más de 20.000 de­por­ta­dos.[2]
 
El pueblo, una vez más, requiere palabras de aliento en medio de la crisis y Miqueas pronuncia unas palabras con aliento político y espiritual, al mismo tiempo. Su defensa de los pobres es intensa y radical: “¡Ay de aquellos que aun en sus sueños/ siguen planeando maldades,/ y que al llegar el día las llevan a cabo/ porque tienen el poder en sus manos!/ Codician terrenos, y se apoderan de ellos;/ codician casas, y las roban./ Oprimen al hombre y a su familia,/ al propietario y a su herencia” (2.1-2). Igualmente su denuncia contra los gobernantes: “Escuchen ahora, gobernantes y jefes de Israel,/ ¿acaso no corresponde a ustedes/ saber lo que es la justicia?/ En cambio, odian el bien y aman el mal;/ despellejan a mi pueblo/ y le dejan los huesos pelados./ Se comen vivo a mi pueblo;/ le arrancan la piel y le rompen los huesos;/ lo tratan como si fuera carne para la olla” (3.1-2). El profeta es portador de una visión y una opción muy claras y ésa va a ser la plataforma de su “esperanza mesiánica”, reconocida siglos más tarde por el evangelio de Marcos (2.6) y Juan (7.42), pues en su palabra asimiló las necesidades y esperanzas de un pueblo pobre y oprimido.
 
2. Una fe renovadora desde el Israel rural
En Jeremías 26, donde se hace una durísima crítica contra el templo y la ciudad de Jerusalén, hay una referencia al mensaje de Miqueas. Esas palabras proceden de la época del rey Joaquín, quien gobernó Judá entre 605 y 598 a. C. Dice así: “Y se levantaron algunos hombres de los ancianos de la tierra y hablaron a toda la congregación del pueblo reunida: ‘Miqueas de Moreset era profeta en los días de Ezequías, rey de Judá, y dijo para todo el pueblo de Judá: ‘Así dice el Señor de los ejércitos: Sión será arada como un campo, Jerusalén se hará un montón de ruinas, y el monte del templo, un otero de matorral.” (Jr 26.17-19)”. Un profeta que legitima a otro y que con ello se sitúa en su misma línea.
A diferencia de Isaías, afincado en la ciudad de Jerusalén, Miqueas fue un profeta del campo, con una perspectiva rural. Estamos, pues, ante el profeta de “la reforma agraria” de Israel (una nueva repartición de la tierra productiva, 2.4), es decir, aquél que se atrevió a mostrar la manera en que los habitantes de las ciudades explotaban a sus hermanos del campo. Su horizonte de anuncio-denuncia se ubica en el marco del juicio al comportamiento de las ciudades de Israel y la manera en que Yahvé reivindica a los trabajadores del campo para relanzar su esperanza y así recibir nuevas bendiciones, para superar la explotación de la que eran objeto.
 
Esta fe confiada toma la forma política de los retornados de Babilonia que reconstruyeron Jerusalén, en el famoso oráculo que comienza: ‘Sucederá en días futuros/ que el monte de la Casa de Yavé/ será asentado en la cima de los montes,/ y se alzará por encima de las colinas./ Y afluirán a él los pueblos,/ acudirán naciones numerosas […] Podemos observar, comparando con Is 2.1-5, que los autores del libro de Miqueas han tomado de la tradición del profeta urbano Isaías para reinterpretar el juicio a la ciudad como algo que tuvo su momento y que ha sido superado y no como algo intrínseco a su ser como ciudad.[3]
 
La visión mesiánica piensa y recuerda que una figura rural dirigirá al pueblo, como antes lo hizo David. De esta manera es posible entender la relación que los contemporáneos de Jesús de Nazaret encontraron entre esta figura y la anunciada por Miqueas, lo cual relanzaría también una nueva visión del “trabajo mesiánico”. En medio de los sufrimientos populares, sólo una persona así podía captar las frustraciones, ilusiones y esperanzas del pueblo sometido por las clases dominantes. El mesianismo proyectado hacia el futuro surge, así, en este momento, de unas condiciones de vida sumamente inequitativas, perversas, y resulta de una visión alternativa de la fe que es capaz de poner en tela de juicio una institución tan venerable como el templo mismo (3.12: “y el monte del templo se cubrirá de maleza).
No obstante, la esperanza que surge de un mensaje tan directo es capaz de refundarse para comprender que Yahvé volverá a tener misericordia y el signo de la misma es precisamente que desde el pueblo de la tierra surge la profecía de un mesías que viene a reinar y a restaurar la justicia divina. Ésa es la razón de nuestra esperanza en la actualidad, tan crítica como otras. Como sintetizó el gran teólogo judío Abraham Heschel: “Junto con la palabra de destrucción, el profeta proclama la visión de la redención. Dios perdonará ‘al resto de Su herencia’ […] Entre las grandes enseñanzas que nos legó Miqueas se encuentra la de cómo aceptar y soportar la ira divina […] y […] la certidumbre de que la ira no significa que Dios haya abandonado al hombre para siempre. Su ira pasa, pero Su fidelidad perdura eternamente”.[4]


[1] Haroldo Reimer, “Ruina y reorganización. El conflicto campo-ciudad en Miqueas 1”, en RIBLA, núm. 26,http://claiweb.org/ribla/ribla26/ruina%20y%20reorganizacion.html.
[2] Idem.
[3] J. Pixley, “Miqueas el libro y Miqueas el profeta”, en RIBLA, núm. 35-36, http://claiweb.org/ribla/ribla35-36/miqueas%20el%20libro.html.
[4] A. Heschel, Los profetas I. El hombre y su vocación. Buenos Aires, Paidós, 1973, p. 94.

martes, 8 de noviembre de 2011

La misión de todo el Pueblo de Dios

Cada creyente, sea ministro, laico, misionero, se proyecta al trabajo de solidaridad con todo el Cuerpo de Cristo y el Mundo.
La misión de todo el Pueblo de DiosEl poder del Señor estaba con ellos, y un gran número creyó y se convirtió al Señor. (Hechos 11.21)

Cada cristiano es llamado a participar y a ejercer elsacerdocio universal de los creyentes. La misión tiene lugar por doquier. Impulsados por la fe, los cristianos cruzan la frontera entre los que creen y los que no creen. Del otro lado de esa frontera dan testimonio de su fe. Dado que Dios es un Dios misionero, el pueblo de Dios es un pueblo misionero. El Espíritu ha sido derramado sobre todo el pueblo de Dios, no solo sobre unas personas seleccionadas. La comunidad de fe es la portadora primaria de la misión.

La misión no procede primordialmente de alguna sociedad misionera u agencia, movimiento, organización o institución, sino de una comunidad de fe, reunida alrededor de la Palabra y los sacramentos. Esta se reconoce como enviada al mundo, en el cual todos sus miembros se involucran de manera directa. Es un deber que alcanza a la totalidad de la Iglesia.

Misión universal
El teólogo Moltmann, en su tesis sobre la teología del futuro, señala: «Se dirigirá no únicamente hacia el servicio divino en la Iglesia, sino también hacia el servicio divino en la vida cotidiana del mundo». Este servicio se ofrece en la forma de la vida común y corriente de la comunidad cristiana «en tiendas, aldeas, granjas, ciudades, aulas, hogares, oficinas legales, consultorios, en la política, el gobierno y la recreación»#. La iglesia está juntamente con los demás seres humanos, sujeta a las condiciones sociales, económicas y políticas de este mundo. Desde esta perspectiva, Karl Barth (citado por David Bosch) comenta: la Iglesia es «el pueblo de Dios en medio de los acontecimientos mundiales» y la «comunidad para el mundo»#. Hoy, como iglesia, nos enfrentamos a desafíos profundos, tales como el hecho de que todavía quedan 4.000.000.000 de personas sin conocer al Señor. La Iglesia debe asumir plenamente y sin tardanza su responsabilidad en la evangelización mundial. Es el imperativo general. Porque existen millones de personas que no han gozado todavía del derecho humano de recibir el evangelio.

CLADE III # señala: «Toda la iglesia es responsable de la evangelización de todos los pueblos, razas y lenguas. Una fe que se considera universal, pero que no es misionera, se transforma en retórica sin autoridad y se hace estéril. La afirmación de que toda la iglesia es misionera se basa en el sacerdocio universal de los creyentes. Es para el cumplimiento de esta misión que Jesucristo ha dotado a su Iglesia de dones y del poder del Espíritu Santo».

Este cumplimiento demanda el cruce de fronteras culturales, políticas, sociales, lingüísticas, geográficas y espirituales hasta aceptar todas sus con secuencias. Estamos hablando de un mensaje integral de salvación, dirigido a todo ser humano, el cual considera la totalidad de su persona. «Hemos sido enviados al mundo para amar, servir, predicar, enseñar, sanar y liberar»#. y «cada persona tiene derecho a oír las Buenas Nuevas»#. Dios «no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (2Pe 3.9). La misión es universal e integral.

La Palabra hecha carne
La encarnación es el modelo para la misión de la Iglesia (Jn 20.21). La misión se cumple en palabra y obra. «La palabra no puede nunca, por tanto, divorciarse de la acción, del ejemplo, de la «presencia cristiana», del testimonio de vida. La «Palabra hecha carne constituye el evangelio. La acción sin palabra es muda; la palabra sin acción es vacía»#.

Hablando del discipulado, John Stott señala: «incluirá un llamado a colaborar con el Señor en el trabajo del Reino. Dirigirá su atención a las aspiraciones de hombres y mujeres comunes y corrientes en la sociedad, sus sueños de justicia, seguridad, estómagos llenos, dignidad humana y oportunidades para sus hijos». Dios llama a las personas a la misión y en eso consiste la evangelización. Es un llamado al servicio donde «ganar personas para Jesús es ganar su lealtad para las prioridades de Dios».#

La Iglesia debe estar en el mundo pero siendo distinta del mundo. Las estructuras de la iglesia no deben obstaculizar su servicio relevante al mundo pues solo conseguiría separar al creyente de la sociedad. Debemos encontrar un equilibrio entre el «Pueblo de la Iglesia» y la «Iglesia del Pueblo». El trabajo en la iglesia como su acción a favor de la justicia, la misericordia y la verdad deben ir juntas.

«La Iglesia se reúne para alabar a Dios, para disfrutar de la comunión mutua y recibir sustento espiritual, y sale para servir a Dios dondequiera que estén sus miembros. Está llamada a mantener en “tensión redentora” su doble orientación»#. Nunca vamos a introducir totalmente el Reino de Dios en la tierra hasta que el Señor venga; pero somos llamados a mostrar la evidencia de este Reino como comunidad y anticipo del mismo que afecta la totalidad de la vida.

En el Nuevo Testamento observamos que muchos dones otorgados a individuos se repartieron para beneficio de todos. El don del sacerdocio nunca se menciona; en su lugar nos encontramos con el texto de 1 Pedro 2.9 que anuncia que somos «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable».

Dios confió el don del sacerdocio a todo el pueblo de Dios, por lo cual podemos declarar que «por medio de él, y en honor a su nombre, recibimos el don apostólico para persuadir a todas las naciones que obedezcan a la fe» (Ro 1.5). En este marco la Iglesia es para todos y con todos. Cada creyente, sea ministro, laico, misionero, se proyecta al trabajo de solidaridad con todo el Cuerpo de Cristo y el Mundo. La clave es reconocer que la tarea le pertenece a la Iglesia toda y actuar en consecuencia.

La vida en misión es un privilegio.

viernes, 28 de enero de 2011

Debilidades con potencial

Debilidades con potencial

No busquemos esconder nuestras debilidades, ni perdamos el tiempo justificándolas sin razón.
Versículo: 2 Corintios 12:9
Debilidades con potencialExiste una tendencia universal en el ser humano a esconder sus debilidades. Estamos tristes, pero ponemos cara de alegría. Deseamos llorar, pero contenemos nuestras lágrimas. Nos sentimos abrumados, pero aparentamos estar en control. Experimentamos ladepresión, pero buscamos convencer a los demás de nuestro buen ánimo. Todo esto no hace más que revelar con gran claridad la inmensa importancia que le damos, como seres humanos, a la imagen que otros tienen de nosotros. Deseamos que los demás nos vean como triunfadores, como personas que caminan con paso firme hacia objetivos claramente definidos en sus vidas. Por esta razón nos resistimos a toda costa a revelar esas cosas que muestran nuestra verdadera condición de seres frágiles y débiles. Pablo declara que gustosamente se gloriaría en sus debilidades. ¿Se detuvo alguna vez a pensar en lo alocado de semejante declaración? No solamente no hará esfuerzo por esconder sus debilidades, sino que ¡se gloriará en ellas! Lejos de producirle vergüenza, las mostrará cómo las verdaderas marcas de su dependencia absoluta de Cristo. ¡Francamente, nos resulta incomprensible la actitud del apóstol! No dejamos, sin embargo, de sentir en nuestros corazones una admiración profunda por su estilo de liderazgo. Recorra usted por un momento, en su mente, la historia del pueblo de Dios. ¿Puede usted pensar en alguna persona que alguna vez fue utilizado por sus fuerzas y virtudes? Abraham era un anciano incapaz de engendrar hijos. José era un esclavo olvidado en la cárcel. Moisés era un pastor de ovejas tartamudo. Gedeón era el menor de su casa y, además, pobre. David era un simple pastor de ovejas. Nehemías no era más que el copero del rey. Jeremías era joven e inexperto. Juan el Bautista era un desconocido que moraba en el desierto. Los discípulos eran simples pescadores, hombres sin letras ni preparación alguna. A Pablo, el fogoso perseguidor de la iglesia, deliberadamente lo debilitó el Señor, enviando una espina en la carne que lo atormentaba.Cuando tapa o esconde sus debilidades, buscando hacerse fuerte, Cristo pierde poder en su vida.Estos son simplemente los héroes de las Escrituras! ¿Qué diremos de figuras como Lutero, Wesley, Hudson Taylor, Moody, Spurgeon, o tantas otras figuras que marcaron profundamente la historia del pueblo de Dios? Todos ellos, sin excepción, fueron útiles porque permitieron que sus debilidades fueran el medio por el cual Dios expresó su gloria. No trate de disimular sus debilidades. No busque esconderlas, ni pierda el tiempo justificándolas. Cuando usted las tapa o esconde, buscando hacerse fuerte, Cristo pierde poder en su vida. Hágase amigo de sus debilidades. ¡Sus debilidades son la puerta para que toda la plenitud de Dios se manifieste en su vida!